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17 de abril de 2016

Arrugas

Tener 22 años no me mola nada. 

Primero, porque eso de crecer como que no lo llevo muy bien yo. Si por mi fuera, me quedaba de teenager toda la vida. O con 19 o 21.

Segundo, porque significa que todo ha ido bien y que si todo sigue así este junio no solo será el fin de mi erasmus, sino también de mi vida universitaria. Ea, al mundo real a buscarte un trabajo de mierda que te paguen una miseria, si es que te pagan. Y será de SEO con suerte, cuando lo tuyo es la creatividad. Pero claro, es que pegas una patada y salen 100 creativos, con portfolios más currados y con más talento. En fin, que se acaba lo bueno. Aunque qué mejor forma de concluir esta etapa de graduada que con una erasmus.

Y es que, tras una semana de clases en la uni y de remodelar mi cuarto llegó el finde. Sí, he remodelado mi cuarto y ahora tengo una cama de matrimonio (aplausos).

El caso, que no estaba yo muy católica y tenía penilla interna. Tristeza por estar lejos en el día de mi cumple, porque esta semana ha sido la feria y no he estado allí para hartarme de rebujito y de jamón, porque mis amigos estaban a kilómetros de mí, y porque el día de mi cumple me lo imaginaba como un día bastante solitario solo mejorado por la comida basura, el sushi y las series.

Eso de no estar en la feria de Sevilla este año ha sido bastante duro para mí. Nunca había odiado tanto Facebook. Ver el alumbrado, los trajes, el ambiente y las risas que suponen pasarte una semana bebiendo, comiendo y bailando no ha ayudado a pasar una buena semana. A parte de ver a todos tus amigos y tu gente allí tan felices y tu aquí pasando  frío.

A pesar de que mi cumpleaños era el sábado, el viernes por la noche salimos para festejarlo porque Ina y Vissa se marchaban el sábado a Berlín. Ya eso me ponía triste, el no estar todas juntas el sábado. Además de que no me sentía todo lo querida por mis nuevos amiguis.

Así que empezamos a beber unas cervezas en la cocina de la séptima unos pocos amiguis, con su "happy birthday", su cumpleaños feliz en griego y su soplar unos mecheros a modo de velas. A esto que escuchamos música y al asomarnos al pasillo vemos una mini fiesta polaca. El amigui en cuestión nos invitó a unirnos a un "salón de baile". Y créeme que no hay nada más gracioso que ver a un polaco bailar "apasionadamente". Y venga vuelta, vuelta y vuelta que marea a cualquiera que sea su compañera. Y verte al jipi de recepción bailar con ese culillo de pollo y gritar "Opa!" cuando la griega pone música folclórica. Un espectáculo.

La cosa fue mejorando, ver a polacos borrachos intentar bailar flamenco siempre ayuda. Además bailé una sevillana, que cubrió algo de mi necesidad de feria.

A las 2 y algo nos fuimos a BauBar. Y eso sí que fue para mearse. Un local de música electrónica que a mi amiga Vicky le habría encantado, con una decoración la mar de artística y un escenario muy variopinto. Te ves a unas 20 personas bailando mirando hacia el dj. Sin corrillos y dejando un amplio espacio entre ellos, porque el musicón se baila pegando botes a lo pogo.  Y verte el percal: rastas, camisas, drogados escalando las paredes, colgados que apenas se tienen en pie, amiguis barbudos... Una delicia de lugar.

Y el sábado llegó, con mis 22 cayendo como un ladrillo. Me levanté con las piernas doloridas después de tantas horas dando saltos y me preparé para dar un paseo, tenía que hacer tiempo hasta que Jelena se levantara para ir juntas a una tienda de segunda mano.

Nada más levantarme, los mensajes de amor de mi familia y amigos me mataron. Mi madre cantando las mañanitas, mis amigos chillando "cumpleaños feliz" en la feria, y mi María Jesús mandándome este vídeo que casi me hace llorar. Amiga, prepárate el 21.

video 

Si ya había comenzado la mañana con una actitud completamente diferente a la de la noche anterior, mientras desayunaba llamaron a la puerta. Entraron Jelena, Vissa, Ina y Taman con una montaña de pancakes y todos sus complementos: fruta, chocolate, miel, mermelada, mantequilla de cacahuete... No me lo podía creer mientras me abrazaban y cantaban cumpleaños feliz. Ver cómo gente que conoces de solo dos meses se toma la molestia de madrugar para comprar todos los ingredientes y cocinan solo para decirte que te quieren y desearte un feliz es lo más.

Y desayunamos juntas hasta que Vissa e Ina se fueron corriendo a Berlin. Nos arreglamos las que quedamos y fuimos a la tienda que resultó estar cerrada. Nos pegamos un buen paseo y luego las invité a comer pizza. Pero no una cualquiera, esa de borde relleno de queso con mil cosas y para añadir consistencia, un buen tarro de salsa barbacoa. Terminamos tan llenas que el sushi no pudo entrar en mi cuerpo para la cena. Quizá hoy me dé el gusto.

Así que volvimos por la tarde después del paseo, de la música africana y de la pizza. Descansamos, hice el skype pertinente, y a prepararnos para ir a Olowek y que la señora de la puerta no nos deje entrar.

Terminamos la noche en la cocina de la cuarta, defendiendo los derechos de la mujer ante un polaco y con Taman contándonos la dureza de la guerra de Palestina e Israel y cómo es la vida en Gaza. Un fin de cumple lectivo y que te hace valorar y agradecer vivir donde vives y todo lo que te rodea. Es inhumano la cantidad de cosas que pasan y que no somos ni siquiera conscientes.


Ante todo, solo puedo decir gracias porque me siento la persona más afortunada del mundo. No solo tengo una familia que hace el esfuerzo de venir a verme, que me permite estar viviendo esta aventura y que me apoya en todo lo que me propongo, sino que tengo unos amigos que están ahí. Amigos que me echan de menos casi tanto como yo a ellos, que me alegran los días con los snaps, y que me conocen incluso mejor que yo me conozco.

Y si fuera poco, yo que creía que sí que los amiguis erasmus molan pero que iba a pasar mi cumple algo solitaria, veo que hacen el esfuerzo, que piensan en mí y que quieren compartir conmigo. Que aunque adoren dormir, se levantan y me cocinan. Que aunque estamos tiesos, me dejan que vayamos a la pizzeria más cara para comer la pizza del borde de queso. Que aunque tenga que pillar un bus en una hora, vienen y desayunan conmigo.


Al final, tener 22 no es tan malo. Peor será decir adiós para decir hola.

Un beso en la fiente

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