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10 de abril de 2016

Gracias

Esta semana ha sido una de las mejores que he tenido, y de las más movidas.

Primero, mis padres y mi hermana han venido a visitarme a modo de regalo de cumpleaños adelantado (la semana que viene cumplo 22. Muero). Puntualizar que echamos mucho de menos a mi hermano, que hubiera sido la mar de chachi que estuviera también, pero no todo puede ser perfecto.


Ya dije que había sentido morriña y echado de menos a mi gente del sur, pero todo muy llevadero y muy racional, sin lágrimas ni ná de ná. Pero el día anterior a que aterrizaran estaba muy nerviosa, casi sin poder dormir y con la lagrimilla asomando a cada segundo. Pues claro, cuando vi a mi hermana en el aeropuerto no pude evitar empezar a llorar. Llorar de felicidad por poder abrazarles y sentirles. Incluso ahora me emociono porque no puedo estar más agradecida por la familia que tengo, a pesar de los pesares.

El caso, lágrimas a parte, el lunes les hice un tour express por mi hermosa ciudad: su rynek, su mercado de las flores, sus callejones, su río Óder y su islas. Cómo no, comimos en el Kurna Chata su deliciosa sopa de queso en pan y pierogis, y cenamos en el Kociolek (o como se escriba). Esa noche con un dolor de cabeza de la leche fruto del cansancio y las fuertes emociones, mi Hani Montani durmió conmigo en mi habita de la resi y me sentí de nuevo años atrás cuando compartíamos cuarto.

Al día siguiente nos montamos toda la tropa en un bus camino a Praga. Mi señora madre ya había visitado la ciudad pero para el resto era toda una aventura. He de admitir que llevaba años deseando ir a Praga, no sé por qué, y que iba con unas expectativas la mar de altas. Todas cumplidas y superadas. Me he enamorado de Praga, de su río, de sus calles y tiendas, de su gente bella, de sus edificios modernistas y su castillo. Vaya, de .


Pasamos un par de días sacándole todo el jugo que pudimos, y que nuestros pies admitieron, de esta ciudad. Hacia años que no nos adentrábamos en un viaje en familia, y aunque hubiera una baja en nuestro equipo, ha sido genial volver a sentir esa sensación de descubrir nuevos escenarios con ellos. Si mi hermana tiene un don para las localizaciones para pernoctar, yo tengo el don de elegir buenos sitios para comer. Y venga pato checo y cerveza y limonada, porque una #healthylife es necesaria.


Y con mucha pena nos volvimos a meter en el bus el jueves, camino de Wroclaw. Esta vez, la localización para dormir no fue tan extraordinaria teniendo en cuenta que estaba escondida en el centro y con un portal y unas escaleras que dejaban mucho que desear. Y abrir los sofás-cama y no encontrar sábanas. E ir corriendo a recepción (a 10 min caminando) para pedir mantas, sábanas y almohadas. Y que venga el muchacho ucraniano a llevarnos todo, cargando con una caja enorme por la calle. Y que llegue, abra un compartimento "secreto" del sofá y encuentre toito. Vergoña ajena. Deja una notita si eso shoshete.

Así que buscamos un lugar que nos alimentara a las 11 de la noche y pasamos la última noche juntos de esta nueva vida que es la pseudo independencia de la madurez. Madrugamos y los despedí, deprisa y corriendo en la parada de taxis, con muchos achuchones, besos, abrazos y que no te preocupes papi que 3 meses pasan volando.

Para alguien como yo que tiene un síndrome de Peter Pan bastante curioso, eso de ver que vas cerciendo, "madurando", tomando responsabilidades y dejando pasar las cosas no mola. No puedo evitar sentir pena al ver su mirada diciendo "mi niña ya no es una niña". Mola ser independiente, vivir sin dar explicaciones y hacer lo que te da la gana cuando y como quieres, pero también da penichi mirar atras y dejar ir las cosas.

Y luego está el finde, y volver a ver a mis amigos erasmus, y sentirme en casa cuando voy a sus habitas. Es curioso como en tan poco tiempo y a tantos kilómetros, sientes la necesidad de crear una familia. Y los saludos son abrazos, porque una semana fuera es mucho tiempo.

Ah, y fuimos a mi primera disco silenciosa, de esas que te dan unos auriculares y todos bailan en silencio. Una chorrada la mar de graciosa. Y a una fiesta en otra resi, donde comprobamos que la nuestra es un ñordo bastante curioso y donde tener los ojos grandes es sinónimo de ser iraní, que ser iraní es un piropo.

Y me despido ya hasta la semana que viene, con lluvia en Wroclaw.


Besis en la fiente

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