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30 de mayo de 2016

Bye ULS

Última semana de uni en Polonia, última semana de pillar el bus y chuparte 30 min sentadito viendo los edificios pasar.

Es cierto que en Polonia a los Erasmus se les da un trato especial, empezando por tener uni una semana sí y otra no, siguiendo por la evaluación a través de proyectos y acabando por las notas generales, no importa lo que hayas presentado. Aunque sea un paseo en ese sentido, he de admitir que he aprendido alguna cosa, tampoco ha sido una ampliación de conocimientos increíble, pero algo ha caído.

El caso, que comenzamos con examen de polaco. El polaco de por sí es una lengua la mar de difícil, pero si a eso le sumas que eres español y que no sabes diferenciare entre b o v, sh, ch, tch... Pues tenemos un problema. Aunque, de nuevo, a los Erasmus se les da un trato especial así que el examen era para verlo. Empezamos por hacer ejercicios casi idénticos antes de la prueba, y luego la pobre sita de ayuda si te quedabas atascado en cualquier parte.

Tras esa nueva experiencia de hacer mi primer (y único) examen de la Erasmus, me puse medio mala, por lo que falté a la última clase donde se presentaron todos los proyectos de animación y que, por lo visto, fue la mejor clase de todas.

El estar medio mala hizo que mi semana tampoco tuviera mucho movimiento. Con el fin de semana la cosa mejoró y el tiempo también. Está haciendo un calorcito curioso aquí en centro Europa. Eso sí, las nubes no las quita nadie.


Con eso de que aquí no hay persianas y, aunque tenga antifaz, la claridad te saluda de buena mañana, me levanto todos los días a un horario más temprano de mi normalidad. Así que, visto que me quedan unos escasos 20 días por estas tierras, me estoy dedicando a pasearme por la ciudad por las mañanas-medio días. Y pillo mi cámara manual y me pongo a plasmar mi rutina polaca. Además, ahora está rynek llenita de puestos de artesanía, comida, conciertos, etc. Da gusto vivir aquí.

Quisimos aprovechar el buen tiempo y fuimos a beber cervezas al río. El viernes, empezamos con cervezas y terminamos bajo un escenario porque empezó a llover. Allí conocimos a una polaca algo extraña y fuimos a parar, como siempre, a Kalambur. En Kalambur había muy buen ambiente, e italianos estilosos vintage, y ancianos bailongos, y gatas. De ahí, frytkis y para la resi con Lorenzo en lo alto.

Y ayer tuvimos comida griega. Nuestras amadas diosas griegas nos preparon un recital de platos típicos con productos venidos directamente de la isla de Yiota. Con nombre español, fue algo así como puchero + lentejas  + pasta especial griega + ensalada griega + carne cocinada al estilo griego + papas fritas  + salsa griega. A esto se le suma el quesito de la isla de Yiota, buñuelos croatas, jamoncito serrano y rebujito y helados. Mi felicidad se centró en el rebujito, echaba mucho de menos ese saborcillo delicioso.


El evento empezó a las 18.30 y nos recogimos a las 2.30 de la mañana. Hicimos parones para descansar de tanta comida, lo que ayudó a que acabáramos con todas las ollas. Si hay algo que me encanta de esta experiencia es el compartir con gente de otras culturas, y que te cuenten sus historias y la de sus países. He aprendido sobre Rusia, Crimea, Vietnam, Grecia, Croacia... He aprendido cosas que no te enseñan en el cole y la verdad que me quedo con muy buenos recuerdos.

Ahora toca la recta final, esto va a ser duro.

Besis en la fiente.



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