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2 de julio de 2016

Hola?

No me creo que esté escribiendo esto. No me creo que el tiempo haya pasado así de rápido. No me  creo que ya haya pasado casi una semana desde que estoy en España, y no en mi otra casa. Este es el último post sobre la Erasmus, quizás el último del blog...


Ha pasado más de un año desde que me dijeron que me vendría a Polonia. Más de un año de nervios, de preparativos, de papeleo, de ir a ver a Lorena, de firmar el Learning, de escuchar consejos, palabras de aliento, discursos borrachos... Hasta que llegó el momento de irme de mi Sevilla de mi alma.

Pero lo más duro ha sido ver pasar estos cinco meses tan rápido. Porque cuando eres Erasmus, la medida del tiempo es extraña, no soy la primera que lo dice. Una semana es un mes, pero a la vez es una hora. De repente todo va a cámara lenta, y tras una semana te mueves por la ciudad como si fueras un lugareño, pero el calendario vuela y parece mentira que hace cinco meses escribiera la primera entrada de esta nueva etapa del blog.

Si me preguntan, ¿qué te llevas de la Erasmus? A parte de unos kilos de más, me llevo demasiadas cosas. Me llevo conocerme mejor, haber aprendido de mí misma, haberme sorprendido. Me llevo noches de vino y cerveza, y soplica. Me llevo borracheras, me llevo locuras en kalambur, paseos y birras en el parque. Me llevo haber descubierto la comida, los frykebabs y el helado. Me llevo viajes, muchos viajes. Y aventuras, y albergues repletos de gente rara, y caminatas, y calor, y un frío de cojones. Me llevo ser una sureña entre tanto centro-europeo. Me llevo tindr en polonia, que es pa mearse. Me llevo desenvolverme como puedo en polaco, y decir nasdrovia en lugar de  do widzenia. Y estar aburrida y bajar a ver a las mujeres de mi erasmus, y enfermar y que me cuiden, y echar de menos a mi gente. Perder el asco en muchos aspectos, y aprender a vivir entre la mierda ajena. Me llevo haber perdido la poca vergüenza que me quedaba, y los escrúpulos en muchos momentos. Me llevo litros de cerveza en vena, de vino barato. Conversaciones de borrachos, discusiones por los derechos de los refugiados, y técnicas de ligoteo que dejan mucho que desear, y que no sabes cómo dicen que no. Me llevo apertura de mente, de alma y de espíritu, ampliar miras a Gaza, Crimea, África y muchos más destinos, empatía e historias que son para no dormir, junto a otras que duermen a cualquiera. Edificios derruidos, disparos en los muros, ascensores comunistas. Música electrónica, drogas, reggetón rancio, restregones, perreo, saltos, bailes de ojos cerrados.


Pero sin duda, me llevo a mis bitches, mis baes, mis bang. Me llevo un grupo de amigas que jamás pensé encontrar aquí. Vine a esta Erasmus con la mente abierta, pero sin dejar de ser yo misma, por lo que si no había nadie que fuera de mi rollo, simplemente disfrutaría de una nueva experiencia en solitario. No tenía esperanzas en encontrar aquí gente como yo, pero llegaron ellas. Vissaria, Jelena, Ina, Yiota y Tamam. Ellas han sido mi apoyo, han sido mis compañeras de locuras, mis aventureras, mis confidentes, mi familia aquí.Si vas con ellas de cervezas nunca sabes qué ocurrirá, ni cómo acabará la noche, ni a quién conocerás. Es raro como siendo de países diferentes, con pensamientos y culturas diferentes, todas compartimos una misma mente abierta, una misma idea de diversión y un cariño increíble. Somos totalmente diferentes, pero iguales. Y vivir y compartir cinco meses aprendiendo tanto de ellas ha sido mi verdadero crecimiento y regalo de esta etapa. Y para locura, siempre estaré ligada a esta aventura y a ellas. Sobre todo a Jelena y Vissa. Ellas me entienden.

Quizás Polonia no sea mi país ideal, ha sido muy raro desenvolverse en una cultura tan diferente, de la que difiero tanto y sobretodo con un clima que mata. Su gente (no toda pero en mi experiencia, la mayoría), su seriedad, lo frío de su forma de ser, lo cerrado de su mente, lo racista, lo lento y poco comercial... Pero es obvio que le debo mucho a este país y a esta vivencia, que siempre tendré un lado polaco y que lo guardaré con mucho cariño.

Y si, por algún casual, algún futuro erasmus en Wroclaw está leyendo esto, aquí mis consejos:
  • Prepárate para la forma de ser polaca: fría, distante y lenta. 
  • Si vienes del sur o eres friolero, llévate unos leggins térmicos y unos buenos guantes, además de unas botas que no se calen con la lluvia o nieve. Un buen chaquetón pero no te creas que vas a siberia (como hice yo) y lleva también algo de ropa de verano para cuando llegue mayo y de repente veas que puedes llevar manga corta por una semana. 
  • No te vuelvas loco la primera semana porque los precios son de risa, ya verás la risa que te echas a final de mes al ver tu cuenta.
  •  No puedes irte sin probar el kurna chata, y el frykebab de nynek.
  • Las chanclas! Ese imprescindible que no podrás encontrar en ningún lugar en pleno febrero en este friolero país.
  • Pierde la vergüenza y conoce gente. Pero sé fiel a ti mismo y permítete hacer lo que te da la gana, incluso aunque sea algo con lo que te critiquen. 
  • Viaje todo lo que puedas, aunque implique comer arroz todos los dias.

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