Madre mía

Hoy no es un domingo cualquiera, hoy es el día de la madre, así que hoy es el día de Maribé.

Antes de contar el resumen de mi semana, mi madre se merece que le agradezca toito tó. Casi todos piensan que tienen la mejor madre del mundo. Bueno, si conocieran a mi Maribé, quizás tendrían que replantearselo. Mi madre se merece el oro y el moro, y se merece ser tan feliz que el alma no le quepa en el pecho y se le esponje. Y le salga por los poros. Y se vuelva más guapa de lo que es.

Porque, primero de todo, mi madre es guapísima. Y tiene unos ojos que no se pueden aguantar. Pero, además de guapa, es lista la joia. Y no lista con esa inteligencia que tienen todas las madres, que encuentran lo que pierdes en 5 segundos, aunque lleves buscándolo 4 horas, o que saben lo que realmente haces, aunque les digas lo contrario. Ella es lista de inteligente, y de espabilá.

Y además de todo eso, es la mejor madre del mundo. Mi madre se pone en nuestro lugar, quizás demasiado. Y te entiende, te comprende y te apoya. Pero, además te quiere con locura y sin medida. Y te da total libertad para que hagas lo que realmente quieras, sin juzgarte. Y, aunque llegues con un tattoo, aunque seas una loca del padel, aunque te de por teñirte de lila, ella te apoyará, aunque le cueste.

Mi madre es una moderna, una diva virtual que usa facebook y envía mensajes de whatsapp. Una señora de los pies a la cabeza. Un espectáculo.

Gracias mamá, porque sin ti no sería lo que soy, porque eres el mayor apoyo que una persona puede tener y porque te quiero tanto que lloro de felicidad, se me esponja el alma y me sale por los poros. Te echo de menos Maribé, muchas gracias por darme esta oportunidad.

Y no puedo concluir esta parte de "agradecida y emocionada" sin decirle al señor del bigote que también lo amo con locura, que él sí que es un artista y que junto a mi señora madre, son el mejor combo que unos hijos podrían tener. Pero papi, otro día te dedicaré un discursillo amoroso. Gracias a ti también, por darme esta oportunidad.

Y discursos familiares a parte, vamos a la semana que hemos pasado.

Semana de clases y de presentaciones. Por fin hacemos algo de "provecho", además de asistir a clases una vez cada dos semanas. Presentaciones de Kim Kardashian como ciberfenómeno, y últimas clases de motion capture donde, de nuevo, snapchat es el rey.

Una semana sin mucho movimiento, a parte de beber cerve o vino en la cocina.

Si hay algo que ame de Polonia y de esta ciudad, es la cantidad de tiendas de segunda mano que tiene. Mis souvenirs personales serán camisas y chaquetas del año de la polka. Esta semana me he comprado la camisa de abuela más hortera que puedas imaginar, con sus floripondios, por 5 zl. Pero la joya de la corona es una chaqueta de chandal Nike de estas de yonki a todo color, por 3 zl. 3 zl! Por 75 centimos más o menos!

Aprovechando que esta hermosa ciudad es capital cultural europea, fuimos a un evento de cine polaco donde vimos una peli de los 60 bastante interesante: Innocent Sorcerers de Andrzej Wajda. Solo el cartel es un espectáculo, pero además es bastante interesante porque ves la Varsovia de los 60's, y los beatniks polacos.

Después de la peli y su explicación, nos fuimos de cervezas y terminamos en una disco polaca. De nuevo, no hay dinero que pague ver a los polacos bailar. Y cómo no, frykebab para concluir la noche.



Entre trabajos y presentaciones, fuimos a una fiesta en un barco. La peor fiesta de mi vida. Además de cutre, cara (para ser poloña, que por eso en España te clavan 20 pavos fácil), e incómoda.

Pero al volver un vinito con Jelena y Vissa lo soluciona todo. Y discutir por qué tattoo cutre nos haremos antes de irnos, y porque mola tener a gente tan loca como tú en el mundo. Y porque, de nuevo, mola mucho abrirte de mente.

Así que hoy pasaré el día como una buena señora, haciendo cosillas por aquí y por allá antes de irme la semana que viene de viaje de nuevo. Estos 5 meses son mi regalo personal por muchas cosas, y aunque tenga que comer pan con mantequilla a diario, no pienso quitarme ni un lujo erasmus. Así que el martes nos vamos a Viena, Bratislava y Budapest.


Un besi en la fiente.


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