Adiós Wroclaw

Me siento muy rara escribiendo esto, pero ha sido la última semana que he pasado en la que ha sido mi casa por cinco meses. Joder, quién lo diría...

Esta semana ha sido rara, con el lunes 20 cada vez más cerca en el calendario, los mensajes de amigos y familia contando los días para verte, y tú que no sabes ni cómo vas a guardar tanto en tan poco espacio. Una semana donde incluso hoy sigo sin creerme que ya no habrá más rynek, kalambur, y noches charlando con vino con mis mujeres erasmus.

Empezamos la semana con paseos interminables y helados, muchos helados. Aquí una que no come helado nunca, ha sido introducida en este peligroso mundo y se admite adicta a los lody naturalne. Y a los roll ice-cream. Incluso me he comido un mcflurry. Yo, que ni de chica me comía los helados que mi señor padre me compraba. Quizás sea la pena de irme, o simplemente que de perdidos al río con los kilos ganados.

Además de los paseos y helados, ha sido una semana de compras. Comprar regalos para familia, amigos e incluso para mí. Seguir buscando un conjunto de graduación que jamás llegó y comprar, cómo no, vino. Y noches de vino y kalambur, y conocer a gente rara. Y bailar. Y enseñarle el culo a media wroclaw. Porque ahora nuestro culo es más bonito aún. Y porque siempre seremos unas gangsta.

 

También ha sido estresante, no solo por meter cinco meses (de nuevo) en tres maletas, sino porque al fin terminé el TFG. Un TFG de último momento y cambios a última hora, porque siempre se olvida algo y "uy que no te he dicho tal". Y mi pobre bigote esperando el email, imprimiendo mi tfg y llevándolo a la uni. Sin duda, el bigote más bonito del mundo se merece un monumento.

Y qué mejor forma de concluir esta semana que haciendo el último viaje express. El sábado nos fuimos a Dresden, Alemania, a vivir su festi más chachi. Con dos horas de sueño en el cuerpo, nos metimos a las 6.30 de la mañana en un tren.

 

Cuando llegamos, nos tomamos un café algo extraño con un alemán que conocimos en Kalambur. Alemanes a parte, esa mañana recorrimos la parte turística de Dresden,Cuando apenas has dormido, estar todo el día andando mata un poco, pero fue el ver el barrio hipster de Dresden donde el festi tenía lugar y que se nos quitaran todos los males.

Calles llenas de puestos, escenarios en cada esquina y cualquier tipo de música que puedas imaginar. Todo con muy buen rollo y señores alemanes la mar de apañaos. Sinceramente, creo que no habríamos podido elegir mejor plan fin de Erasmus. Por la noche estuvimos dándolo todo en el escenario electrónico y terminamos escalando para llegar a una discoteca a las afueras de Dresden. El sitio en cuestión tenía tres escenarios, uno de ellos una carpa exterior. Y de nuevo el contraste norte-sur o cómo ves a gente en manga corta y shorts cuando tu te estás helando con una camiseta, rebeca, chaqueta y bufanda.  Y he de admitir que la pena de la vuelta me nubló en algunos momentos, pero también es bonito bailar con el humo cegándote y tener un nice trip con melancolía y psicodelia.


A las  5.30 nos volvimos a montar en el tren para regresar y pasar el último día en Wroclaw. Y parece que la ciudad no quiere que me vaya porque vuelve a llover. Ni yo quiero irme porque estoy al borde de la lluvia. Y recibir mensajes cuando te despiertas a las 16.00 de tu gente diciendo que no queda ná pa achuchar ayuda, pero saber que dejo aquí 5 maravillosos meses de mi vida, llenos de aventuras, locura y la mejor familia postiza que haya podido esperar, está siendo más duro de lo que nunca imaginé.

Ya publicaré cuando recobre la fuerzas un post especial pero, solo puedo decir que estos 5 meses me han dado y que solo pensar que vuelvo a la realidad y tengo que despertar de esta experiencia me rompe el alma. Vissa, Ina, Jelena, Tamam y Yiota. Nada más que decir.

Besis en la fiente, nos vemos en España.

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